Delcy Rodríguez, de 56 años, es la nueva presidenta encargada de Venezuela. Esto sucede en un momento de incertidumbre. Nicolás Maduro fue capturado durante una operación militar de Estados Unidos en Caracas. Su nombramiento, ordenado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), coloca a Rodríguez como la figura con más poder dentro del chavismo tras más de dos décadas de dominio político.
Hasta el fin de semana, la dirigente venezolana se desempeñaba como vicepresidenta ejecutiva, cargo que ocupaba desde 2018. De acuerdo con la Constitución, era la segunda en la línea de sucesión, aunque el escenario actual —la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores— no está contemplado expresamente en la ley.
La juramentación de Rodríguez marca además un hecho histórico: es la primera mujer en asumir la presidencia de Venezuela, reforzando al mismo tiempo la continuidad del poder chavista.
El papel que espera Estados Unidos
La llegada de Rodríguez al poder coincide con el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Él dijo que su administración está en contacto con ella. Esto es para coordinar la transición política y económica del país. Washington busca establecer una relación pragmática con la nueva mandataria, a quien exige “acceso total” a los recursos energéticos de Venezuela y garantías de cooperación.
Trump señaló, en una entrevista con The Atlantic, que ha dado a Rodríguez la oportunidad de demostrar que puede “hacer lo correcto”. Sin embargo, también le advirtió que podría enfrentar un destino “peor que el de Maduro” si no cumple los compromisos adquiridos.
Por ahora, el presidente estadounidense ha descartado nuevos ataques o despliegues militares, aunque insistió en que “Venezuela está bajo el control” de Washington hasta que su situación política se normalice.
Un llamado al diálogo con Washington
Rodríguez no ha respondido públicamente a las advertencias de Trump, pero el domingo difundió un mensaje en su canal de Telegram en el que propuso “construir una agenda de cooperación” con Estados Unidos. Además, anunció la creación de una comisión especial para gestionar la liberación de Maduro, encabezada por su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, e integrada por varios altos funcionarios del chavismo.
“Vengo con dolor por el sufrimiento causado al pueblo venezolano tras una agresión militar ilegítima contra nuestra patria”, declaró este lunes durante su juramentación. La frase fue interpretada como una combinación de llamado a la unidad nacional y rechazo a la operación extranjera que derrocó a su antecesor.
En octubre del año pasado, medios estadounidenses afirmaron que Rodríguez habría ofrecido encabezar un gobierno de transición sin Maduro, propuesta que ella negó categóricamente. No obstante, su ascenso al poder refuerza la percepción de que es vista por Washington como una figura negociadora dentro del chavismo.
Una carrera política marcada por el poder
De carácter firme y discurso ideológico, Rodríguez ha sido una pieza clave del movimiento chavista durante más de una década. Antes de ser vicepresidenta, tuvo cargos importantes. Fue ministra de Economía, Finanzas y Comercio Exterior. También fue canciller y responsable de Comunicación e Información. En 2017, fue presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente.
Su gestión al frente de la política económica le permitió estrechar vínculos con empresarios y tecnócratas del entorno gubernamental, ocupando un rol decisivo en el manejo del sector petrolero. Desde 2024 también era ministra de Hidrocarburos, una posición que la acercó a negociaciones estratégicas con compañías extranjeras y potencias aliadas como Rusia y China.
Su habilidad para manejar temas económicos y diplomáticos la convirtió en una funcionaria de confianza tanto para Maduro como para las élites empresariales que aún operan dentro de Venezuela.
Raíces familiares y formación ideológica
Rodríguez nació en Caracas el 18 de mayo de 1969 en el seno de una familia profundamente marcada por la militancia política. Su padre, Jorge Antonio Rodríguez, fue un destacado dirigente de izquierda y fundador de la Liga Socialista. Murió en 1976 tras ser detenido por la antigua policía política venezolana, la Disip, acusado del secuestro de un empresario estadounidense.
Esa tragedia familiar moldeó su visión ideológica. Formada como abogada en la Universidad Central de Venezuela, Rodríguez estudió derecho social en la Universidad de París X Nanterre y obtuvo una maestría en política y sociedad en la Universidad de Birkbeck, en Londres.
Su trayectoria refleja una rara mezcla de formación académica europea y pragmatismo político caribeño. Desde sus primeros cargos bajo el mandato de Hugo Chávez, ha demostrado una profunda lealtad al proyecto bolivariano, pero sin perder la capacidad de diálogo con actores internacionales.
Por ahora, la presidenta encargada enfrenta el reto más importante de su carrera: mantener la cohesión del chavismo, responder a las exigencias de Washington y estabilizar un país sometido a una crisis económica y política que parece no tener fin.